A la vuelta de Quiao.

Actualizado: 13 de jun de 2018


Hace ya casi un mes, regresamos de la isla.

Sigue resultando para mi sorpresivo, el recibimiento de nuestro trabajo por parte de los participantes. El profundo valor que otorgan a un método, que experiencia tras experiencia, va delimitando con cada vez más claridad su forma. El tiempo ha ayudado en la aparición de un modo de trabajo, en el cual al mismo tiempo que nos acomodamos a el, también lo moldeamos. Hoy honestamente no me resulta posible definir una direccionalidad clara en este sistema de influencias con “lo natural”.


Durante la jornada de ese día domingo, nos levantamos muy temprano y visitamos la desembocadura del río Notué, en el lago Huillinco. El día antes, recorrimos junto al grupo, un sendero que llegaba justo a la orilla del mismo río, un par de kilómetros más arriba. La expedición matutina, era para programar en el territorio, el trabajo grupal que se iniciaría algunas horas más tarde. El paisaje me resulta indescriptible, dada su belleza y complejidad. Sólo diré que se me mostraba con una vitalidad exuberante desde todos sus ángulos. Junto a Rafael y Lorenzo, al tiempo de estar en este lugar, planificamos los ejercicios y prácticas que compartiríamos luego con el grupo.


Salvo el inicio, dado por la lectura del poema “Bajo el cielo nacido tras la lluvia”, de Jorge Teillier, nada resultó de acuerdo a lo planificado. Luego de la primera “indicación”, cada uno tomó su rumbo, dándose el espacio y tiempo para vivirse en el lugar a fondo. La naturaleza, con su reflejo de lo inmanejable, nos llevó también a abandonar momentáneamente nuestra ilusión de control respecto a la “guía de actividades”, reforzando con esto, el espíritu de nuestro trabajo respecto a seguir la huella a lo que aparece.

Luego vino la lluvia y el grupo se movió bajo un árbol.

Luego nos detuvimos en la playa y escuchamos.


Sólo entonces se abrió el espacio para un “ejercicio”, que hoy me atrevería a decir “casi no era necesario”. En la exploración de este trabajo, no estamos trabajando en la naturaleza, trabajamos con ella. Abrirnos paso a una vinculación más profunda con nuestro entorno, es reconocer en la naturaleza a un aliado que con sus ritmos, tiempos y ciclos, nos muestra un modo de existir más conectado con nuestra propia organicidad y la del mundo, una nueva forma de mirar lo que significa ser humano hoy.


Soy conciente que lo dicho hasta ahora, no son más que palabras que buscan dar cuenta de una experiencia que supera por mucho, cualquier intento de teorización al respecto. Tal como lo señalara Martin Buber, el mundo de la relación con la naturaleza, se mantiene en el umbral del lenguaje y la palabra sondea, pero no alcanza. Teniendo claridad de esta brecha, me reconforta el reconocimiento significativo, simple y profundo, que realizan los participantes sobre el método de trabajo.


“El encuentro del fin de semana fue un canto a la vida. Un sumergirnos en la profundidad de la naturaleza y la vida. Maravillosamente guiado por dos hombres amorosos, que abrieron para nosotros un mundo. Un viaje a las profundidades del alma, en un espacio de plena libertad, contemplación y silencio. Fue un retiro “asistido por la naturaleza”, de poesía y paz”


“Me es difícil expresar en pocas palabras como dejo el espacio y retomo el propio. Voy llegando a mi “hogar” y no puedo dejar de sonreír. Renacer, una y otra vez… así quiero vivir. La isla me ha regalado momentos mágicos y ahora atesoro otro. Gracias por compartir desde la honestidad, simpleza y dulce silencio”




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